Victoria de fe

El coronavirus y el estado de alarma me deparan nuevos tipos de gratitud. Hoy, después de despertar, descubro que el reloj está luciendo, pues todavía tenemos electricidad. Incluso corre agua del grifo, puedo hacer café, aunque todavía no hayamos llenado nuestra bañera. Y sobre todo, mi experiencia de fe de ayer dio más frutos:

Cuando vi los estantes vacíos y las largas colas (a veces con 2-3 carros de compras llenos) frente a la caja registradora de Mercadona, el pánico me atrapó. En tales situaciones, mi cabeza se vuelve loca: ¿qué debemos hacer? ¿También suba al automóvil, pelee a través de los atascos hacía Lidl y cárguelo con harina y azúcar si todavía hay? ¿O gastará 1000 € por dos billetes hacía Alemania porque Easyjet probablemente no volará en abril? Y luego recordé el sermón del jueves: la fe es una decisión de confiar en el Dios todopoderoso y amoroso que se preocupa y cuidará de mí, como lo ha hecho de manera sobrenatural durante más de 40 años. Su Espíritu Santo nos guiará a tomar las decisiones correctas incluso en los peores momentos, y podemos descansar en Su paz. Así me puse a cola con mi poco de pan.

Sin embargo luego, por la noche, me bombardearon las noticias en español, alemán y húngaro sobre el creciendo número de infectados en todo el mundo. Como conozco a mi mismo, no podía esperar una noche tranquila: en tales situaciones mi cabeza corre a tope, me ocurren mil ideas, considero las posibilidades de ida y vuelta; no un requisito previo para una buena noche de dormir. ¿Y qué Dios me regala? Después de un sueño maravillosamente largo y hermoso, un reloj luciendo y agua corriente. Gratitud y paz en Él.

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