Sermón, 17.1.2016, CCI Puerto de la Cruz

Quería leer las últimas palabras de Jesucristo en la tierra, antes de su ascensión al cielo cómo lo indica el último versículo del Evangelio de Mateo. Esta es una de las más maravillosas promesas que Jesús nos ha dado:

Mt.28:20 „Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

¿No es ella fantástica? ¡Una promesa maravillosa! Jesús está conmigo todos los días, hasta el fin de mi vida. Muchos de nosotros estamos acostumbrado; especialmente aquellos quienes han crecido en una familia cristiana, que parece ser natural y normal: Jesús está con nosotros todos los días. Pero cuando pensamos más profundo, eso es algo fantástico. El gobernante del universo anda con nosotros cada paso, si lo estamos haciendo bien o mal, si pecamos o lo hacemos bien, él siempre está ahí y vive con nosotros cada momento de nuestros días. Eso es fantástico.

Sin embargo, este dicho promete aún más. Es decir, hay una palabrita más delante aquí: „¡Ve!”. En español se traduce como „he aquí“. En el original griego, dijo que „idou“, en inglés „behold!“, cómo en muchas traducciones alemán „Siehe!”, en español „¡Ve!”. Yo entiendo esa palabrita en términos de „experimentar”. No sólo que Jesucristo esta cada día con nosotros y lo podemos que creer, pero – como dice aquí – debemos experimentarlo. Una orden, una mandamiento, un comando.

Estamos tan felices aquí en la iglesia, ya que buscamos aquí su presencia cantando canciones de alabanza, oramos, escuchamos buenos sermones. Nos encanta lo que la presencia del Espíritu Santo nos hace sentir, lo que es igual a „ver” a Jesús. Pero aquí está en la promesa un mandamiento, que debemos „experimentarlo” todos los días. En casa, en el trabajo, cuando estamos juntos con la gente, dondequiera. ¿Cómo es eso posible?

Jesús da la respuesta. Es decir, ya es incluso una otra palabrita aún más pequeña, delante aquí: „y”. Esta es la conexión con los versículos anteriores. La promesa de que Jesucristo está con nosotros todos los días, es válido para todos y para siempre. Pero que podemos tener experiencia todos los días, está sujeta a una condición en los versículos anterior. Y allí hallamos la orden más grande que Jesús nos dio: El „Mandato misionero” o como se llame también: „La Gran Comisión”:

Mt.28:18-19 “Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo enseñándoles a obedecer todo lo que os he mandado.”

Cómo Jesús es el gobernante del universo, debemos hacer a discípulos en todo el mundo, que lleguen a creer en Él, si les enseñamos todo lo que él nos ha mandado. Todo, es decir, también este Mandato misionero, es decir, ellos también tienen que hacer discípulos y enseñarles los mandamientos. Por lo tanto, sólo de este modo es posible cumplir la mayor comisión en la historia de la humanidad: evangelismo y discipulado están estrechamente vinculados. Pero mi punto es ahora, de lo que queremos hablar hoy: ¿Cómo podemos experimentar la presencia de Jesucristo todos los días, incluso, fuera de la iglesia?

Mi opinión personal es: lo principal sería cuando llevamos a cabo la Gran comisión. Cuando evangelizamos, si divulgamos la Buena noticia a los demás, cuando hacemos discípulos, si trabajamos para que las personas se acercan a Dios. Entonces, la presencia de Jesucristo y la acción del Espíritu Santo en mi vida es lo más evidente.


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